El Gato en el Arte

El gato es en esencia un animal independiente, curioso, dormilón, de admirable destreza física. Sus características de flexibilidad corporal y resistencia lo convierten en un gimnasta natural capaz de realizar innumerables piruetas, saltos y trepas casi por cualquier parte. Pero, sin duda la principal característica de estos animalitos es su personalidad. Para tratar a un gato se debe poner en su posición, es decir pensar como un gato. Él quiere su propio espacio, el cual debe ser respetado para una adecuada convivencia. No debe olvidarse que el gato es un ser independiente, muy distinto a los perros por ejemplo. Sin embargo, ¿Cómo nos ven los gatos?, la respuesta es muy simple, ellos nos ven como si fuéramos su madre. Puede notarse cuando él se acerca a la persona con la cola tiesa en alto al igual cuando los cachorros corren hacia su madre gata. El reclamará cuando tenga hambre, se sienta incómodo o simplemente requiera su atención tal como lo hizo con su madre cuando era pequeño.

EGIPTO

Durante la historia de la humanidad se han venerado diversos animales, pero pocos han logrado la notoriedad que el gato ha tenido, siempre siendo asociados a divinidades o a características sobrenaturales. Y si de veneración hablamos, ninguna civilización adoro tanto a los gatos como los egipcios, quienes llegaron a considerarlos semidioses.

¿Burlón? ¿Perezoso? ¿Rencoroso? ¿Tierno? ¿Curioso? ¿Inteligente? ¿Independiente? Todas las posibles imágenes del gato a través de la historia del arte universal.

Hace cinco mil años que vive entre nosotros, a sus anchas en todos los continentes y latitudes, igual de cómodo en la casa del campesino que en el más refinado salón aristocrático. El gato que sestea sobre la butaca es una presencia amable, tranquilizadora, casi un símbolo de la paz hogareña. Y, sin embargo, en sus gestos se trasluce la existencia paralela de una bestia terrorífica… El gato es un animal doméstico, es cierto, pero no está verdaderamente domesticado, y esa personalidad ambivalente le ha permitido conquistar un lugar capital en la cultura y el arte, en el universo literario y en los cuentos de hadas.

Un libro sobre la suerte del gato en la historia, desde los frescos de la civilización egipcia a los felinos inolvidables de Picasso, Matisse, Chagall o Warhol.

Hace cinco mil años que vive entre nosotros, perfectamente a sus anchas en todos los continentes y latitudes, igual de cómodo en la casa del campesino que en el más refinado y exclusivo salón aristocrático. El gato que sestea sobre la butaca es una presencia amable, tranquilizadora, casi un símbolo de la paz hogareña. Sin embargo, con una dualidad extraordinaria, en los gestos del gato se trasluce la existencia paralela de una bestia demoniaca y terrorífica. El gato es un animal doméstico, es cierto, pero no está verdaderamente domesticado. Su independencia y voluntad son indomables, y, en un abrir y cerrar de ojos, es capaz de sustituir la más feliz y plácida tranquilidad por la agresividad extrema de un depredador. El plácido ronroneo del minino se transforma en la zarpa malandrina de una bestia en miniatura, bien guarnecida de dientes y garras. Ya una antigua leyenda persa sitúa el origen del gato en el estornudo de un león… Con su personalidad evasiva y fascinante, el gato ha conquistado un lugar capital en la cultura y el arte, en el universo literario y los cuentos de hadas.

Por su naturaleza, rara vez el gato se erige protagonista; a menudo, para darse cuenta de su presencia, se requiere observar con calma, aguzar la mirada. Sin embargo, la presencia del gato, en particular en la pintura, nunca resulta gratuita.

En este sentido, se le atribuyen un gran número de significados simbólicos
que permiten una lectura transversal a lo largo de siglos de obras maestras, casi una historia del arte con bigotes y cola, llena de sorpresas.

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